Entrevistamos a Diego Rodríguez Gil, administrador de Grupo Chapín
Corría el año 1991 cuando los hermanos Diego, Juan Félix y Pepe empezaron a asumir las riendas de la compañía fundada por su padre, Félix Rodríguez, para convertirla en un referente en el sector del transporte discrecional, que hoy día desplaza a 10 millones de viajeros al año a través de 30.000 servicios discrecionales, con una media de entre 500 y 600 rutas diarias.
Hay empresarios que se dedican a la gestión de compañías y otros que llevan el negocio en su biografía. Diego Chapín pertenece claramente a la segunda categoría. Desde su incorporación a la empresa, tuvo clara la necesidad de diversificar. Turismo, congresos y eventos; transporte escolar, servicios adaptados para personas con discapacidad antes de que se convirtiera en una exigencia normativa… “Siempre hemos intentado hacer cosas diferentes”, insiste.
Pero su historia comienza mucho antes, en la localidad de Plasenzuela (Cáceres). Su padre comenzó prestando servicios puerta a puerta antes de dar el salto a Madrid de la mano de “El Conguito”, un primer vehículo casi artesanal fabricado por Barreiros, al que siguió un Pegaso. Y de ahí a una empresa con 150 autobuses y más de 200 empleados en poco más de cuarenta años, que cada año crece entre un diez y un quince por ciento.
Antes que en estrategia, Diego insiste en un principio esencial: contar con buenas personas y con valores. La estructura empresarial de Grupo Chapín (Dirección y Administración, Tráfico / Comercial y Talleres) necesita liderazgo, pero también pasión, personas comprometidas y cultura interna. Una empresa mediana ofrecerá un servicio excelente si transmite identificación personal con el trabajo, aspecto con el que no puede competir un gran fondo de inversión. “De ahí nuestros esfuerzos por invertir en mantenimiento, formación y seguridad. Nuestros monitores pueden obtener el carnet y convertirse en conductores. Esto reduce el problema estructural de falta de profesionales”, concluye.
Es necesario conocer estos orígenes para comprender el rumbo que va a tomar la entrevista. “Estamos al final de la segunda generación del transporte discrecional en España”, explica. Muchas empresas familiares nacieron por el esfuerzo de hombres y mujeres que levantaron sus compañías a base de intuición, riesgo y sacrificios interminables. La segunda generación consolidó, profesionalizó y amplió el negocio. Sin embargo, la tercera ya no está dispuesta a reproducir ese modelo. “Hoy un empresario no puede gestionar, conducir, facturar, limpiar el autobús y hacer de mecánico al mismo tiempo”, afirma. El sector ha cambiado. El transporte de pasajeros, ahora, es organización. Sin estructura, el mercado la absorberá. Chapín ha recibido ofertas de compra. Como muchas empresas medianas del sector. Sin embargo, Diego lo plantea en términos existenciales. Vender es perder una vida entera de trabajo.
Sin embargo, es consciente de que la atomización empresarial tiene fecha de caducidad. “O nos unimos o desaparecemos”. Defiende cooperativas de nueva generación, fusiones o crecimientos ordenados que permitan competir tanto con grandes grupos como con plataformas digitales. Y es que las grandes compañías no pueden replicar la cercanía de una empresa mediana bien gestionada. Pero las pequeñas tampoco pueden soportar solas la presión regulatoria, tecnológica y laboral. La concentración, afirma, es una necesidad estructural.
En ese sentido, recuerda que el transporte debe convivir con Uber, Cabify, Blablacar, metro o tren. No es una amenaza; es la realidad. Por esto, la liberalización controlada y una regulación coherente son imprescindibles. Sin embargo, el sistema concesional español, y en especial el transporte interurbano, le parece excesivamente rígido. Relata situaciones en las que un autobús que circula vacío no puede recoger viajeros en determinados tramos. “Eso no es eficiencia”, sostiene, tampoco el no compartir rutas escolares o empresas. Para él, el transporte debe convivir con metro, tren, VTC y plataformas digitales como parte de un ecosistema más amplio. Liberalización inteligente y regulación coherente son, en su opinión, condiciones para que el sector evolucione.

Competir juntos para sobrevivir
En línea con lo anterior, el consejero delegado de Grupo Chapín Diego ve el asociacionismo con convicción. Una empresa individual, explica, no puede negociar convenios colectivos con múltiples despachos jurídicos ni financiar desarrollos tecnológicos complejos. La asociación actúa como interlocutor ante la administración y como herramienta de cohesión empresarial. Su visión ideal sería una representación unificada del sector, aunque reconoce que las diferencias entre transporte regular y discrecional complican la convergencia.
Asimismo, considera que, sin estructuras colectivas, muchas mejoras tecnológicas serían inviables. Menciona el software sectorial Sinfe, utilizado por la mayoría del discrecional, cuyo desarrollo ha sido posible porque muchas empresas y la asociación asumieron parte de los costes para que el conjunto del sector pudiera beneficiarse.
El discrecional como laboratorio de innovación
Históricamente, el transporte discrecional ha sido el epicentro de la innovación en el sector: aire acondicionado, vídeo, asientos de piel, baños en autobuses… En cuanto a la flota, Chapín trabaja con fabricantes como Volvo, Irizar, Mercedes-Benz e Iveco, marcas de las que valora tanto la eficiencia tecnológica como el servicio posventa.
Respecto a la electrificación, su diagnóstico es prudente: la infraestructura actual no permite cargar de forma masiva flotas completas en muchos polígonos industriales. La empresa cuenta con placas solares y acumuladores con capacidad para 40 MW, pero considera que la transición será gradual y dependerá tanto de avances técnicos como de viabilidad económica.
En materia tecnológica, Chapín no adopta un discurso entusiasta ni alarmista. “La inteligencia artificial será útil para optimizar presupuestos, rutas o procesos administrativos, pero no sustituirá la complejidad operativa del discrecional, donde la demanda puede alterarse en cuestión de horas por un congreso, una avería ferroviaria o un evento deportivo”, afirma. Desde su óptica, el sector avanzará cuando las herramientas se integren de forma colectiva y sostenible.
Un sector en transición
La entrevista concluye con una idea que sintetiza su visión: transformación, concentración y profesionalización. La empresa que representa también ha desarrollado marcas propias que ofrecen excursiones educativas completas (transporte, entradas y actividades), simplificando el trabajo de los centros escolares.
El transporte, en su opinión, ya no puede concebirse como actividad individual, sino como organización compleja que exige planificación, inversión y cooperación. Diego Chapín habla desde la conciencia de que el sector atraviesa un cambio estructural profundo. Y lo formula con la claridad de quien conoce el volante desde dentro: “el transporte no es conducir un autobús. Es saber hacia dónde va la empresa antes de que el mercado te obligue a girar”.
